Una vez más vemos a los sindicatos obrar con independencia del sector vocacional, para defender intereses más bien patronales. Se trata del negocio propio del proletariado, la de hacer que otros trabajen para ti; o hacer que el trabajo se autotrabaje. Ahora resulta que las fórmulas de venta que se autorrevenden no sólo son correctas, sino que esos contratos dragoninos con los usuarios son inquebrantables pues irían contra los autores.

Seguro que son los autores que se sindicalizan los que presionan a esos grupos para que pueda decirse barbaridades, en cualquier caso, una vez más se demuestra que los sindicatos son cosa del pasado y que hace falta una ley que regule los mecanismos de representación de los trabajadores.