Jueves, Mayo 25, 2017

Sgae

SgaeVale, digamos que Serrat es un símbolo de la canción de cantautor, por más que desde que se quedó sin dictador no haya hecho nada memorable o que valga la pena. Vive bien desde aquel entonces, y hasta es posible que se embolse pingües beneficios procedentes de la SGAE por la cosa ésa de los derechos de autor procedentes de descargas legales que se pretenden ilegalizar, truculentos cánones que abonan los consumidores por comprar aparatos electrónicos que supuestamente usarán para grabar obras de otros –indemostrable- y que parece ser que también tendrán que pagar además por lo anterior, y todas esas cosas que ni son claras ni son muy allá respecto de lo constitucional.

30-12-2009 - Pero en fin, supongo que cobrará, y mucho. La cuestión que me viene a mientes es cuánto ha pagado él por la fama que le debe a los genuinos autores de las letras de sus canciones, a la familia de Machado, Miguel Hernández, García Lorca, etcétera, pues que gracias ellos –sólo gracias a ellos- es lo que es. Como no tengo el dato, confío y deseo que algún amable lector me lo facilite para salir de esta duda atroz, porque si Serrat no ha redundado en esas familias la mayor parte de sus haberes, la cosa no queda ni medio bien para él. Desearía que no fuera así, claro; pero veremos.

Este ejemplo es clarificador respecto de cómo quienes pretenden cobrar derechos de autor por sus obras, en realidad han obtenido sus obras de otros, sean éstos famosos o no, poetas o no, o personajes anónimos de regular sensibilidad o simples ciudadanos de a pie. Estos supuestos autores, en realidad, han bebido de otras fuentes, pero quieren cobrar ellos solos por unas obras que no hubieran sido posibles sin el concurso de los otros, de los demás, de los que no cobran. Y esto no es justo.

Me duelen los oídos de escuchar a pomposos supuestos eruditos que tendrían serias dificultades para hacer la O con el culo de un vaso, que un autor dejará de serlo si no cobra por su trabajo, y eso no es que sea falso, sino que es una simple majadería. Nadie que sea autor puede renunciar a su naturaleza, y es más, es precisamente en la dificultad donde los auténticos autores han engendrado sus mejores y más memorables obras. Un autor, de la rama del arte o el pensamiento que sea, no puede renunciar a serlo ni aunque quiera, cobre o no, porque es su naturaleza y sólo puede ser eso que es. Aunque alimentáramos a un tigre sólo con hierba jamás conseguiríamos otra cosa que matarlo de hambre, pero nunca que se convierta en un venado.

No es algo que predique para otros, sino que lo hago desde una convicción tan profunda que me lo aplico a mí mismo. En mi web pueden bajarse gratuitamente todas mis obras editadas , (no así las inéditas), porque éstas han sido elaboradas a partir de mis semejantes y mis experiencias entre ellos, y van destinadas a mi sociedad. Preferiría que me las compraran, claro, pero sólo podría cobrar en conciencia por los ejemplares encuadernados, por cuanto han supuesto una inversión económica, como vería lógico que lo hiciera la editorial que me las editara. Entretanto esto no suceda porque el lector no quiera o no pueda comprarlas, no he escrito estas novelas para que duerman el sueño de los justos en la gaveta de mi escritorio, ni las escribí siquiera para que sólo quienes pueden pagar veinte o treinta euros por ellas puedan leerlas. Como el árbol que da fruto, están al alcance de quien quiera tomarlas libremente, porque soy un fruto de mi tiempo y de mi sociedad, y, al considerar mis obras como públicas, devuelvo a mi sociedad parte de lo que de ella tomé para construirlas: no vivo para mí, sino para y por mi sociedad.

La SGAE y los autores que pretenden hacerse ricos con tonadillas de escaso esmero a costa de la razón, la lógica y lo más elemental de las nobles maneras, en realidad son la mascarada, la punta de lanza de los intereses ocultos de las grandes compañías discográficas, las cuales los usan para dar un carácter humano a algo que no es, sino que se trata sólo de cuestiones de beneficios, una estrategia de consejos de administración y de accionistas angurrientos y codiciosos, quienes así tuercen las voluntades políticas para obtener leyes ajustadas a sus intereses de ventaja tan ilegal como inconstitucional. Naturalmente, considero levemente justificable la absurda pretensión de los autores de la SGAE, quienes en su chatez sólo pueden aspirar a dinero contante y sonante y no a una obra memorable que les dignifique; pero en el caso de la propia SGAE me parece de una impudicia extorsionadora tal, que difícilmente podrá librarse de esta ignominia ni sus miembros ni el impúdico PSOE, y somos muchos los que nos ocuparemos de inmortalizar el atropello contra la razón, la lógica y la Cultura que están perpetrando, como no nos olvidaremos de todos sus demás atropellos cometidos, a fin de que quienes no tengan memoria viva puedan recurrir a nuestras letras para informarse. Les recomiendo que se bajen gratuitamente de mi web (se agradecería que compraran la novela), “Sangre Azul (El Club)”, ,y que se refresquen en las páginas correspondientes respecto de los sucesos de la anterior etapa socialista, la del infausto Felipe González y camarilla: una gloria que muchos parecen haber olvidado al dar el triunfo a Zapatero. No obstante esto, en breve será actualizada a nuestros días, con los memorables actos del no menos atroz periodo Zapaterista.

Los autores somos lo que somos, cobremos o no, digan lo que digan los voceros a sueldo de las grandes discográficas. Es lícito y legítimo que cobremos por los libros encuadernados que vendemos, pero no porque varios lectores lean la misma obra. Es más, sabemos que en España cada libro es leído por una media de tres lectores, y no por ello pedimos los escritores que nos paguen tres veces derechos de autor, sino que agradecemos a esos lectores que den contenido a nuestras vidas leyéndonos. La SGAE, sin embargo, sólo está interesada en los tonadilleros sin contenido, ni clase ni arte con que desde las ondas y los vacuos programas televisivos nos asolan con sus ta-ta-chundas simplones, porque ahí está la pasta, no la Cultura. A ellos, la Cultura les importa un ardite: van a por la pasta al precio que sea. Y eso es trampa, legal o no: trampa y sólo trampa.

Opinión de Ángel Ruiz Cediel


Fuente desde: internautas

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